El pasajero de medianoche
Era una noche oscura y fría, y las luces del tren brillaban débilmente en la distancia, como si fueran faros perdidos en la neblina espesa. El viento soplaba con fuerza, y el silbido del tren resonaba en la quietud del paisaje nocturno. Dentro del vagón, los pocos pasajeros se acomodaban en sus asientos, ajenos a lo que estaba a punto de suceder. Sofía, una joven que viajaba sola, observaba a través de la ventana, sintiendo el vaivén del tren como un arrullo que le provocaba somnolencia. El destino de su viaje no importaba mucho; ella solo deseaba llegar a su destino, escapar de la rutina diaria que la había ahogado por meses. Sin embargo, esa noche no sería una cualquiera. El tren avanzaba a gran velocidad cuando, de repente, un leve crujido se escuchó desde el vagón trasero. Sofía levantó la vista, inquieta, pero pronto desestimó el sonido. Al fin y al cabo, estaba acostumbrada a los ruidos extraños en los trenes. Sin embargo, la atmósfera dentro del vagón comenzó a volverse extraña...