El Reloj de la Abuela

Siempre recordé a mi abuela como una mujer enigmática, llena de historias sobre el pasado y secretos que nunca revelaba del todo. En su casa, había un viejo reloj de péndulo que marcaba el tiempo con un sonido constante y profundo. Decía que había pertenecido a su madre y que, de alguna manera, guardaba los recuerdos de la familia.



Una tarde de verano, mientras me quedaba a pasar la noche, el reloj comenzó a sonar extrañamente. Eran las tres de la mañana, una hora en la que la casa estaba sumida en un silencio inquietante. Me desperté, sintiendo una presencia en la habitación, pero no podía ver nada. Aun así, el tic-tac del reloj parecía más intenso, como si estuviera marcando algo más que el tiempo.

Decidí levantarme y dirigirme al salón. La luz de la luna se filtraba a través de las cortinas, proyectando sombras que parecían moverse. Me acerqué al reloj, fascinado por su belleza y su misterio. Justo cuando extendía la mano para tocarlo, sentí un escalofrío. La temperatura en la habitación cayó drásticamente, y la manecilla del reloj comenzó a girar al revés.


Confundido y asustado, retrocedí. Fue entonces cuando escuché una voz susurrante, una mezcla entre un lamento y un canto. "Devuélveme lo que es mío", decía. Miré a mi alrededor, pero no había nadie. La sensación de que alguien me observaba se hizo más fuerte

Decidí regresar a mi habitación, pero cuando giré para irme, vi una figura difusa en el rincón, vestida con un viejo vestido blanco. Era como una sombra con rasgos vagos, pero su mirada era penetrante. "El tiempo no se detiene", me dijo. "Todo tiene un precio".

Aterrorizado, corrí de vuelta a mi habitación y cerré la puerta de golpe. El tic-tac del reloj resonaba cada vez más fuerte, como si me llamara. Intenté cubrirme con las sábanas, pero el susurro persistía, llenando el aire con una carga de angustia. Finalmente, la voz se desvaneció, y el reloj dejó de sonar.


Cuando desperté, el sol brillaba a través de la ventana. Mi abuela estaba en la cocina, como si nada hubiera pasado. Decidí no decirle nada, pero el recuerdo de aquella noche y la figura inquietante nunca me abandonaron. Al poco tiempo, mi abuela falleció, y el reloj se detuvo.

Hoy, lo guardo en mi casa, sin atreverme a darle cuerda. Cada vez que lo miro, siento que algo me observa desde las sombras, recordándome que hay secretos que deben permanecer ocultos y que, a veces, el tiempo puede jugar en nuestra contra.








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